EN MALVINAS ERAN EXTRANJEROS, ACÁ SON ARGENTINOS NUESTROS ENEMIGOS

LOS HECHOS CONTADOS POR EL PADRE DE ALEJANDRO
Cerca del mediodía estábamos arreglando el portero en casa cuando llega un muchacho de unos 30 años que me empuja y me apunta a la cara con un arma. Yo tomo el arma y comenzamos la pelea, cuando ya lo tenía dominado, veo que vuela un arma a la calle, cuando la voy a tomar empiezo a recibir disparos de un vehículo que estaba en la calle.(Ecuador al 400)
Logro levantar el arma y veo que uno de los delincuentes cae sobre el asfalto, le apunto sin disparar, seguían viniendo los disparos que comencé a devolver. El auto se fue alejando, vuelvo a mi hijo al que veo en un charco de sangre, lo revisé, llamé a mi señora que pidió una ambulancia.
LAS SENSACIONES
Jorge, el padre de Alejandro nos cuenta: «Es un momento horrible ver a un hijo tirado en la calle. Por suerte sentí el apoyo constante de mis vecinos. Al día siguiente mandaron un par de miembros de la policía local durante unas horas, pero después desaparecieron y nos dejaron con la sensación de si alguien nos va a matar cuando salgamos a la calle.
Yo viví una situación similar hace unos años en Malvinas, pero eso era una guerra, había un enemigo que podías identificar, a eso me había adaptado, pero tener que enfrentarme a esto de un argentino que quiera matarme a mi o a mi familia, es imposible entenderlo.
Cuando vi a este delincuente en el piso apuntándole con el arma no lo maté porque es un ser humano.
Lo único que me interesa es mi hijo, que pueda hacer su vida acá en este barrio de gente humilde, solidaria. No quiero irme de acá, quiero que las autoridades de acá hagan lo que hay que hacer para que podamos estar un rato en la vereda con nuestros hijos, que podamos
andar en bicicleta».
Alejandro tiene 23 años, le encanta la mecánica, cría peces, estudia y es un chico sano. Al cierre de esta edición se estaba recuperando favorablemente.

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