DETRÁS DEL MUELLE: EL MAR

Pedro, veraneante asiduo del Mar del Tuyú, visita ese cálido lugar de la Costa Atlántica desde su más tierna infancia.

El conoce como nadie, sus playas, sus rincones. Nada como el mejor. Este verano del 2014, con su esposa Sara y sus dos hijos, Juan y Miguel, emprenden sus vacaciones tan ansiadas al mar de sus amores.

El mar, majestuoso, lo espera una vez más, con un guiño lo invita en cada oleada, juega en un eterno ir y venir “me entrego, luego retrocedo”, besa la arena dorada y cálida en movimientos voluptuosos.

Los niños alegres juegan en sus orillas con sus pies descalzos, corren y ríen, Sara desde lejos los observa, teme al mar y no deja de dar consejos, “no se confíen demasiado”. Pedro se interna un poco más allá, el mar lo invita a jugar, saltar en sus oleajes, se sabe vigoroso, salta, hace piruetas, saluda con su brazo en alto a los niños que lo miran divertidos.

El mar lo embriaga, lo adormece, otro golpe y el oleaje es ahora más insinuante, lo tira, lo desplaza…

Dedos que señalan, ¡ALLÁ… ALLÁ!, Pedro perdido entre las olas, silbatos, el guardavidas pide ayuda, el bote de goma se hace cargo del rescate, desaparece a veces entre el oleaje, avanza lentamente para la urgencia requerida, llega por fin, Pedro está inconsciente, su cabeza ha dado un fuerte golpe entre las rocas, lo rescatan, depositan su cuerpo en las arenas, SIRENAS, “UNA AMBULANCIA”…

Los niños ya no ríen, perplejos no entienden que ha pasado, SARA NO DICE NADA.

La playa toda estalla en un aplauso cerrado, conmovido. ¿Qué aplauden? ¿El momento vivido? ¿La sensación de lo imprevisto? ¿El rescate? ¿La MUERTE?

Los niños y Sara son subidos a la ambulancia que parte raudamente.

Después todo no ha sido, ya pasó, ya fue, ya todo es nada.

MAR, tú sigues impertérrito, con tus olas cautivantes que besan las arenas que invitan al convite… y vuelven a jugar. Los bañistas que olvidan al instante el episodio.

El sol tiñe en colores distintos, allá verdi-negro, más allá, azul brillante, a veces naranja nacarado, ya no está Pedro y ya no importa, dejó sus huellas en tus orillas. Un canto salado vuelva hacia las estrellas y el dolor marchito se deshoja.

 

Mabel Mari,

Extraido de “Taller Literario Puerto Plumas X”

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