UNA VIDA DISTINTA

Detrás del vidrio, espío cómo pasa la vida. La ventana retiene los secretos que no quiero compartir y las sombras se agitan en noches interminables.

Los soles del día, encandilan a mariposas que vuelan sin rumbo y extraviadas se estrellan contra mi ventana. Cada una, deja la marca adherida, de sus alas ciegas.

Presiento vagabundos que deambulan en busca de sueños y a mujeres desamparadas con niños que lloran, aturdidos por el ruido de esta ciudad que los margina.

Escucho el paso de carros repletos de cartones, en su viaje de ida. Los esperan siluetas anónimas, que guardan la ilusión de vivir una vida distinta, sin olor a vergüenza, sin desesperanza, con el agua limpia de una canilla, que gotee el sarro del olvido.

La ciudad que miro a través del vidrio, parece lejana. Entonces imagino las voces y risas en los patios de recreos, con maestros que seducen a los niños leyendo cuentos, que describen otras realidades.

Pero la noche llega a mi ventana; la dejo entrar. No tengo alternativa. Solo espero a su sombra, que es igual a la mía.

La enfermera golpea la puerta y entra con la sonrisa de siempre. Me toma del hombro y me acomoda para acostarme, estira mis piernas sobre la cama de hierro y el ruido metálico cruje bajo mi cuerpo. Al rato, alargo los brazos hasta la ventana, pero no llego. La cortina permanece abierta y permite que mis ojos, en el desvelo, se paseen por ella para acompañar la noche y caminar sobre el tiempo, donde mis piernas, no pueden llegar.

En la calle, sobre la vereda se escucha el ruido de botellas vacías y trepa el olor de cartones sucios, que esperan la llegada del camión que recoge los residuos.

Después, la calle muestra una cara distinta. No quedan rastros de desperdicios… ni de gente. Vuelve el silencio… un silencio profundo.

Desde el día que caí del camión, la sombra se acomoda junto a mí, entre los pies dormidos.

Roberto Gugliotella

Extraido de “Taller Literario Puerto Plumas X”

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