PERIODISMO PROVIDENCIAL

El delegado municipal de Udaondo llegaba demorado a nuestra reunión, afuera llovía mansamente y de la misma manera me encontré tomando un café con un viejo y activo vecino de Ituzaingó al que llamaré Carlos. El mismo que esa misma noche definió ese café como un «encuentro providencial».
Carlos tiene una hija de 40 y tantos a la que llamaré Susi, que tiene problemas madurativos, que fueron negados desde que Carlos y Teresa se dieron cuenta pero no asumieron totalmente.
Carlos fue criado de alguna manera en la que sin trabajo y esfuerzo nada era posible. Nada era digno de ser vivido. Así fue que cuando el presidente argentino al que llamaré Carlos I le ofreció una pensión graciable, Carlos declinó inmediatamente esa posibilidad.
Los años pasaron y una psicóloga le recomendó a Carlos y Teresa que le dieran libertad a esa nena que ya era mujer y le hicieron caso.
Poco tiempo después Susi fue secuestrada, golpeada, violada y tirada en un descampado de Gaona.
Todo esto iba desgranando Carlos mientras me miraba con sus ojos grandes y trasparentes con un café que se enfriaba en nuestras tazas mientras afuera llovía y yo me iba salpicando, empapando de la confesión del vecino de Leloir.
Hoy Carlos y Teresa están grandes, los tiempos de florecimiento económico pasaron, el presidente Carlos I ya es un geronte.
«Susi nos hizo un planteamiento muy bravo ayer… yo sé que escondimos lo que sucedía, que quisimos tapar la realidad… Hoy Susi quiere ser por ella misma y nosotros no tenemos las herramientas para ayudarla», terminó Carlos.
Entró un funcionario para avisar que el delegado municipal ya venía, lo saludó a Carlos mientras yo llamé por teléfono a una ong con mayúsculas que se llama AMANECER, les conté algo de la problemática de Susi y de la desesperación de su padre por ayudarla y me indicaron la dirección de su Centro de Día para orientar a esta familia.
Hace un rato me enteré por Carlos que los habían contenido y atendido muy bien allí y que en 48 horas están recibiéndolos en el Centro (con Susi por supuesto), para integrarla a sus actividades.
Carlos entusiasmado me dijo: «Dani… me preguntaron si Susi tenía certificado de discapacidad, y les dije la verdad… que no lo tenía porque siempre habíamos negado lo que pasaba pero que ahora se lo iba a tramitar» y se despidió de mi calificando nuestro encuentro como «providencial».
A lo mejor hay lectores que se preocupan porque en La Voz de Ituzaingó dejamos pasar algunos temas de largo…. y SÍ, a veces estamos haciendo este «periodismo providencial», este oficio de aprovechar el conocimiento de los actores sociales del lugar donde uno vive para tratar de que la calidad de vida de aunque sea uno de ellos mejore un 1%.
Escribo esto cuando el sol cae sobre Villa Udaondo acompañando a esta «lluvia saludable y triste y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría, íntima, recóndita alegría. Estoy tocado de tu destino. Oh, lluvia. Oh, generosa».
Las identidades de los protagonistas de esta historia verídica como hay pocas han sido resguardadas por respeto hacia sus vidas íntimas y particulares, pero en la firme creencia que este oficio me obliga a dar testimonio de lo que sucede, a lo mejor porque para otros esto puede ser «su evangelio».
Nota: Los entrecomillados los tomo prestados al gran poeta argentino Raúl González Tuñón.

 Daniel Jorge Galst

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