FELIZ NAVIDAD, HO HO HO

En la víspera de Navidad me encontraba esperando mi lugar en la estación de servicio de colectora y Martín Fierro cuando en el preciso momento en que arrancaba el auto que estaba delante mío un auto flamante que estaba atrás mío vio la oportunidad y se coló para hacer lo que todos los que nos acercamos al área de surtidores de esas instalaciones comerciales vamos a hacer: CARGAR COMBUSTIBLE.
Puse el freno de mano, me bajé de mi auto casi sin abrir la puerta, me crucé con uno de los playeros y le grité: “si le cargan a él primero te boxeo” y a renglón seguido me acerqué al señor de 40 y pico que se bajaba de su flamante auto y mientras le cargaban a él primero, arrugué pero también le grité: “¿vos no te diste cuenta que yo estaba primero, no?”, encontrándome con su expresión de “no sé de qué me hablás” y viéndolo como se metía en la cafetería, a lo mejor para tomarse un cafecito y hacer esperar a los que seguramente iban a ser la fila atrás de su auto.
No es la primera vez que me sucede algo así, pero mi respuesta habitual es pensar en otra cosa y no encarar la situación porque las veces que lo hice no sirvió para nada más que para alterar mi normal estado que es de cierta paz con el mundo que me rodea.
Tal vez los hechos ocurridos los 360 días que le antecedieron a esta víspera de navidad, el calor y la crispación por la exacerbación de las malas noticias que nos rodean haya hecho eclosión y me descargué con el playero que no tiene nada que ver y al que le pedí perdón unos minutos después, y con este tipo que a lo mejor estaba buscando eso, su minuto de fama, de satisfacción por haber cagado a alguien, por salir de esa sensación terrible de que siempre hay alguien que te caga a vos y vos no te podés desquitar.
Aprovecho esta Navidad para proponerme no dejarme ganar por el arrebato, no desquitarme con el más débil, y aprender la forma para no estallar nunca más. Esa noche recordé una frase de Khalil Gibrán que quiero compartir con vos, pero meditala muy bien antes de desecharla: “Si te encontrás en medio del desierto con un caminante que quiere limpiarse sus manos sucias de barro en tu túnica blanca, ¡dejalo! porque vos la túnica la podés lavar, en cambio él, para la próxima va a tener que buscar a otro”.
Es esto solito lo que sinceramente quiero compartir con vos en las vísperas de estas Fiestas.
Daniel Jorge Galst

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