EL DÍA QUE LO CONOCÍ A ONGARO. UN GRAN HOMBRE

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Corría agosto de 1974, en Buenos Aires fallecía Juan Domingo Perón y unos días después la Triple A asesinaba al intelectual Rodolfo Ortega Peña, yo trabajaba en el Taller Gráfico Rotype de los hermanos Rovito. Eran años muy negros en la Argentina en los que era muy común ver en la calle del microcentro y Gran Buenos Aires tipos dentro de un Falcon con armas largas asomadas por las ventanillas.


Uno de los hermanos Rovito le había pegado brutalmente a uno de nuestros compañeros en horario y lugar laboral, y a partir de ese momento “tomamos” el Taller Gráfico durante 8 días.
Es ahí que lo conozco a Raymundo Ongaro -que había sido empleado como linotipista en otra época en un taller gráfico del padre de los Rovito y conocía de sus maltratos.
Ongaro se acercó al taller, compartió nuestra lucha, nos orientó hasta que finalmente confluimos en una audiencia de conciliación en la Federación Gráfica. En medio de este conflicto es que el hijo de Raymundo es asesinado.
No soy historiador, se me pueden escapar detalles, yo tenía 20 años, no militaba en política, pero como gráfico me tocó trabajar en lugares “complicados”: diario La Opinión de Jacobo Timmerman, revista Avanzada Socialista, etc. Sí puedo asegurar que Raymundo Ongaro era un hombre honesto, íntegro, comprometido como pocos, con una fuerza impresionante que nos transmitió a los que pudimos conocerlo, con militancia o no.
Me vuelven cada tanto imágenes de esa caminata desde el taller Rotype hasta Paseo Colón donde estaba el sindicato y como nos encontramos 100 metros antes con una hilera de soldados y en sus cascos las iniciales PM… son imágenes… sensaciones atravesadas por la adrenalina… el miedo… la violencia… sensaciones a las que nunca terminás de acostumbrarte.
Y después la corrida de la Federal, el desbande, el alcanzar un bondi que me llevara lejos de ahí, los estampidos de las balas… el comprobar al día siguiente, y al otro, y una semana después que los compañeros que años después pudimos leer en una de las tantas listas de desaparecidos.
Días después nació mi primer hija que hoy tiene 42 años. Hoy, después de leer que había muerto un gran hombre como Raymundo Ongaro empecé a desgranar esta historia que jamás vio la luz y pretende solamente mostrar algo de lo que sucedía en nuestro país y el momento puntual en que lo conocí, días antes que le arrebataran a su hijo por defender a un grupo de operarios gráficos del maltrato de los empleadores.

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