ABORTO ¿COMBATIR LA POBREZA O ELIMINAR A LOS POBRES?

CAMBIEMOS

Durante la sesión de hoy en el Concejo Deliberante de Ituzaingó se tocó el tema del debate por el Aborto en momentos en que se comenzaba lo propio en la Cámara de Diputados. El concejal ituzainguense de Cambiemos, Mariano Steininger se expresó así:

CONTRA LA MAL LLAMADA “INTERRUPCION VOLUNTARIA DEL EMBARAZO”

Hoy, la cámara de diputados de la nación votará sobre qué país queremos, sin medias tintas. Si queremos ser una sociedad que proteja a los más indefensos, en este caso el niño y su madre que desesperada ha llegado al punto de no querer tenerlo, o una sociedad que los descarta, porque representan una incomodidad y un obstáculo a nuestros planes.

Quiero decir algo, en primer lugar, sobre las consignas que se adoptaron y el titulo falaz que se le ha dado al proyecto que se debate hoy en el congreso nacional. Como si incluso quienes lo apoyan supieran que no están aportando a una mejor Argentina, sino todo lo contrario y no pudieran decir con todas las letras lo que quieren votar.

Lo que se está debatiendo es la posibilidad de que el aborto sea legal y libre y por lo tanto sea un servicio que el estado tenga que brindar. No  su despenalización, que ya de hecho rige en Argentina; si no, todas las personas que aparecieron públicamente en las últimas semanas contando de los abortos que se practicaron debieran estar imputadas y no lo están. Tampoco se debate sobre su “gratuidad”. Falso. El aborto no es gratis para nadie, mucho menos para la madre y su hijo.

Por ultimo con respecto a estas falacias: al proyecto de ley se lo llamó de “interrupción voluntaria del embarazo”. Me parece bastante obvio que no se puede “interrumpir” un embarazo, para luego reanudarlo. Todos sabemos que si un embarazo se interrumpe se termina definitivamente. Interrumpirlo es terminarlo, y terminar con la vida que se aloja en el vientre de la madre.

En efecto, creo que el núcleo de la discusión, si queremos plantearla en serio, pasa precisamente por reconocer el momento en que la vida comienza. Y ninguno de los oradores que se manifestó a favor de la despenalización en el debate realizado en la cámara de diputados ha podido defender científicamente que la vida no comienza en el momento de la concepción.

Al contrario, lo que la ciencia  si ha demostrado largamente es que es ese momento donde se genera un ser humano distinto del que lo porta, más allá de su dependencia temporal para vivir y desarrollarse. Un ser con información genética única, distinta de sus padres y del resto de los seres humanos.

A partr de aquí es donde algunos de los argumentos a favor de la legalización se vuelven ciertamente falaces e insuficientes.

La libertad de la mujer para decidir sobre su cuerpo: La mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo, siempre. Pero tiene derecho a saber qué es lo que decide. Si lo que lleva dentro es otra vida humana su derecho ya no es absoluto. Si no fuera una persona sujeta de derechos lo que lleva adentro, la discusión seria radicalmente diferente y por ende tendría derecho a hacer lo que quiera.

Además, si nos interesa la libertad, porque no también se la otorgamos a los padres para que puedan participar de la decisión, o a los médicos y establecimientos que en este proyecto son obligados a practicar abortos aun cuando vaya en contra de su voluntad.

La vida de las mujeres que mueren por causa de abortos. El fin de salvarles las vidas a estas mujeres no está en discusión, nadie está proponiendo que se mueran y listo. Pero volvemos al punto principal: una vida no vale más que otra, nunca. Quitar una vida para salvar otra no es justificable. Distinto es tratar de salvar una vida cuando los recursos son escasos y que por lo tanto, la otra vida no pueda atenderse y muera como consecuencia. Pero los médicos siempre deberán intentar salvar a las dos y en todo caso elegir cual priorizan, pero nunca podrán matar de manera directa a una de ellas para salvar a la otra. Terminar con un embarazo intencionalmente, si lo que lleva adentro es una persona no puede justificarse en ningún caso.

Por último, he escuchado bastante en estos días algo que me llamó la atención especialmente. Era un argumento a favor de la legalización que se centraba en la decisión que tomaron al respecto los países desarrollados y sus consecuencias, como si su desarrollo fue la muestra de que ese es el camino.

En primer lugar, me gustaría llamar la atención sobre una de las consecuencias que han tenido lugar en aquellos países. Por ejemplo, según un informe citado en 2015 en el diario Washington Post, el 67% en Estados Unidos y el 92% de las madres europeas abortan luego de que un test prenatal les indique que sus hijos tienen Síndrome de Down. Esta perspectiva nos lleva a la discusión sobre si hay personas que tienen más derecho a vivir sobre otras. O si, como dije al principio, hay personas que nacen más ‘productivas’ o funcionales al tipo de sociedad que queremos.

Esto implica categorizar a las personas según su condición o dignidad de vida. El valor de la vida de una persona no es relativa a sus capacidades, condiciones o genes. Las personas, todas ellas, valen por sí mismas y determinar que es mejor que no vivan a que vivan sufriendo es decidir de antemano quién será feliz y quién no. El derecho a la vida es absoluto y la felicidad es un elemento subjetivo imposible de demostrar.

¿O, como dije, es acaso un tema del desarrollo económico esperado? ¿Se lo plantea como una receta “económica” que haría que reduzcamos la pobreza? Así planteado es la banalización total del asunto, sin tener el menor respeto por la dignidad de la vida humana. Es indispensable que nuestras políticas públicas vayan en la dirección de combatir la pobreza y no de eliminar a los pobres.

 

 

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.