DANIEL FUSTER, LA ABUELA LUISA Y EL H.C.D.


¿Qué pasa cuando un grupo de escritores se apropia del recinto de sesiones de un Concejo Deliberante?

Ituzaingó es un pueblo de esos. Alguna vez los cuadros de Susana Laroca aparecieron colgados en la Carnicería La Rural. Ayer nomás, un 23 de noviembre de 2012 el libro “La abuela Luisa”, libro de Daniel Fuster reemplazó a tanta ordenanza que acostumbra pulular por ese edificio de la calle Mariano Acosta.

 

“En la ciudad he perdido  el sabor de las cosas y vago por calles palpitantes con la gelidez del hastío; busco con la mirada ansiosa y no encuentro el espacio donde detenerme”

 

Lo secundaban en la mesa que habitualmente ocupan Presidente y Secretario del Honorable Cuerpo… Alberto Fernández, escritor y Héctor Vigna. ¿qué decir de este vecino? ¿cómo ubicarlo en tan digno recinto donde legisladores también vecinos deciden parte de nuestras vidas? Facilitador de felicidades. Creador de sonrisas y reflexiones. Disfrutador de palabras…

Don Héctor trajo unas “preguntitas” para que el público –escritores y demás simples mortales ituzainguenses- pudieran tener una aproximación a lo que pueda ser vital a la hora de plasmar en el papel algo que pueda recibir tal vez la Faja de Honor de la SADE como pudo conquistar Daniel Fuster.

El lector de estas líneas puede imaginar un simple reportaje, pero entre estos dos hombres amantes de las palabras la cosa fue muy otra y cuando Héctor le preguntó a Daniel ¿cuánto de vos hay en tus cuentos? El homenajeado contestó con una respuesta atribuida a Flaubert: “Madame Bovary soy yo”.

Gracias a la idea de Vigna nos enteramos que cuando Fuster vino dejando atrás su Bahía Blanca esto constituyó “un golpe visual intelectual y personal porque Buenos Aires te abruma”, así como saber que “no me asusta la hoja en blanco. Esa idea que nos aparece cuando volvemos de algún sueño hay que ponerla en el papel. Hay que ir preparando el momento para esto”.

Para nada piense en un acto formal, planificado, con un guión, si bien estuvieron perfectamente ensamblados los momentos musicales a cargo de INFLORESCENCIA (flauta, bajo, guitarra y la voz  exquisita de Sofía Benedetto)

 

Los ruidos viven en la avenida y dificultan mi andar, temo esos rostros de sonrisas fáciles, junto a una zancadilla de trajes iguales tropiezo y pierdo el ritmo que no llegué a alcanzar,…

 

Fuster y los talleres literarios: “Para andar en estas cosas hay que animarse. Yo quería hacer un taller con alguien que escribiera muy pero muy bien. Traté de ubicarlo a Abelardo Castillo, hasta que un día me llamó por teléfono a casa. No pude estudiar con él, pero la conversación fue memorable. El acostumbraba decir que los talleres literarios no sirven para nada, pero entendiendo que eso no es lo que hace al escritor (…) Uno tiene que trabajar en solitario, pero no en soledad, acercándose a sus pares con ánimo de compartir y aprender”.

 

Y llego a mi barrio  con esquinas de gente estancada con ramas que gustan golpear a los distraídos  con calles poceadas para recibir el otoño con vientos que no hacen caer las hojas con árboles para jugar escondidas con charcos que tienen su nombre  con cordones apasionados.
Mi barrio tiene el encanto de una biblioteca con libros viejos y un perro chiquito que cada vez que paso me sonríe.

 

El texto intercalado dentro de esta nota es una de las poesías del libro “La Abuela Luisa” de Daniel Fuster y su título es: “La ciudad y mi barrio”

 

Y para terminar le tomamos prestado a Daniel Fuster un anticipo del libro que buscará editorial el año próximo:

“Cristina eligió una caja y la llenó de chocolates. Además colocó unos guantes y un echarpe que había comprado hacía unos días. Luego escribió la carta.

La voz del hombre que surgía de la radio la embargó. Adónde alcanzar la caja pensaba Cristina mientras escribía.

Salió a la calle. La agitación del barrio parecía surgir como la misma luz del día.

El conflicto con los ingleses se había instalado en la ciudad. Por suerte –pensaba Cristina- mis hijos son chicos y con tristeza miró hacia la casa de enfrente.

Caminó hasta la esquina impulsada por un extraño presentimiento. En la avenida el tránsito avanzaba muy despacio. Las banderas y las manos se agitaban saludando.

Pensó en las hojas de otoño a punto de comenzar a caer”.

 

Fuera del recinto del H.C.D. la noche de Ituzaingó que todo envuelve y engalana me acompaña a un destino seguramente más feliz.

 Daniel Jorge Galst

Y AHORA CON USTEDES: LA YAPA: «INFLORESCENCIA» en la presentación del libro «La abuela Luisa» de Daniel Fuster

1 comentario

  1. Hola Dany… Viendo, leyendo y escuchando todo lo que viviste en Ituzaigo , siento una alegría inmensa y orgullo de tenerte de compañero de lecturas…..; me emocionan tus andares y me emociona muy profundamente tu manera de ser.
    Como siempre mi abrazo fuerte.
    Moni

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