DESCALZO INTENTA DESPEGAR DE LA VIOLENCIA

(escribe Daniel Jorge Galst)

Primero fue el comentario hecho casi al azar: “ajuste de cuentas” para definir, explicar lo que pasó con el asesinato de Claudio Espíndola mientras pintaba la reja de su casa en Ituzaingó Sur.
Ahora, hace unos días “hay que prohibir los partidos en el CAI” como si el fútbol tuviera algo que ver con el asesinato de un hincha a metros de la cancha.


Tan inútil como la frase “en algo andarían” durante la última dictadura militar como para justificar las desapariciones, torturas, asesinatos a manos de aquel gobierno de facto, tan inútil como entonces las frases que intentan despegar la responsabilidad del gobierno de la actual situación de violencia extrema en muchos sectores de nuestra sociedad.
Cuando algún vecino común devenido en político barrial se convierte en gobernante y ve engrosar sus bienes y fortuna personales, necesita entonces -o por lo menos así lo cree- gente pesada, violenta, que ante cualquier desborde lo defienda del bochorno, del mal momento o la agresión en el peor de los casos.
Es fácil deducir que en una sociedad en la que los vecinos y simpatizantes comunes han cedido el lugar a los violentos para formar parte de la hinchada y “hacer el aguante”ante algún rival, es hasta lógico ver cómo estos “muchachos” comparten sus días entre el “aguante en el Club”, ser “guardaespalda” de algún funcionario municipal y en el mejor de los casos el terminar trabajando como empleado en la comuna.
Todo esto matizado con alguna changuita en la que el funcionario de turno le permite vender flores para el día de la madre abajo del puente de Gaona, o el puestito de pirotecnia para las fiestas en el paso a nivel de Soler.
Y no nos referimos específicamente a Ituzaingó porque estamos seguros que pasa a lo largo y lo ancho de nuestra querida República Argentina.
Por fortuna no somos los periodistas los que tenemos que solucionar el tema de la inseguridad. Sí tenemos la obligación de ser objetivos y esto en general no tiene mucho que ver con la postura de los gobernantes; en parte por la relación con los violentos que la mayoría de los intendentes ha entablado en la década de los 90.
De ninguna manera estoy afirmando que los gobernantes son los que aprietan el gatillo pero no puedo dejar pasar esta oportunidad sin preguntarle a Alberto Descalzo el primer y hasta ahora único intendente que tuvo Ituzaingó desde que nos desprendimos de Morón: ¿está tranquilo y seguro de haber hecho todo lo posible para pacificar a nuestro pueblo más allá de haber creado Secretarías, colocado cámaras, aumentado la cantidad de efectivos policiales, haber expulsado a varios comisarios?
Con una oposición que nunca llegó a acercarse a la mayoría en el Concejo Deliberante… ¿hacía falta que se rodeara de la violencia sin razón?
Disculpe mi ingenuidad Señor Intendente, pero como dicen que la política es el arte de lo posible…

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