MUESTRA DE NUESTRO CARLOS PEDERIVA

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Es en Ituzaingó donde plasmó la mayor cantidad de sus pinturas.

Es este el pueblo donde le tocó morir, y al que tanto quiso.

Corresponde pues que sea el lugar de los homenajes.

En esta oportunidad el Museo Municipal de Ituzaingó albergó a una marea de amigos que desafiando el frío o a lo mejor, algunos conocedores, buscando el abrigo del arte que en Carlos Pederiva encuentra un reparo, un solaz poco frecuente.

Hay artistas que provocan revoluciones, hay otros destinados a generarte náuseas. El arte de Carlos Pederiva es un arte ligado íntimamente a Ituzaingó, a su paisaje, a su entramado urbano tan nuestro, tan irrepetible.

Vivimos un momento de los que gustan llamar “bisagra” en los que vemos pulular edificios donde otrora se erigían casonas formidables. De ahí la importancia del arte de Carlos Pederiva. No ya por haber retratado lugares muy nuestros, sino que todo lo plasmó desde su óptica bien ituzainguense.

¿Qué puedo decir de la muestra que no le provoque envidia al lector que no pudo disfrutarla? ¡Fue espléndida! Desde la selección y ubicación de las obras expuestas en las paredes prestadas por el Museo hasta la Orquesta de Niños.

No puedo terminar estas líneas sin mencionar esta cuestión de frutos y semillas que a veces en el arte se combinan y amalgaman con exquisitez.

Porque Lucio Pederiva, que de él se trata la semilla de Carlos se ha constituido en un artista reconocido y un muy buen maestro en los Talleres Municipales y es él quien se ha cargado esta muestra sobre sus hombros.

El arte puede estar tranquilo y tener varios siglos más por delante si hay fenómenos como los Pederiva.

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