LA CARROZA PASO DE LARGO DEL ETI

8 días antes que Jacobo Langsner, su autor, cumpliera 86 años se estrenó “Esperando la carroza” en el Espacio de Teatro de Ituzaingó dirigido por Ernesto Sigaud.
Dos funciones fueron necesarias -a sala llena-para acomodarse a las expectativas de los familiares de los actores y de los seguidores de las obras de teatro que se presentan en el ETI todos los sábados con entrada libre y gratuita.
En los 9 años de trabajo de este grupo humano han pasado muchas obras y varios funcionarios en la Secretaría de Cultura de la que dependen. Pero este estreno tuvo un significado muy especial y así se vivió en el elenco, sensación bien sintetizada por el profesor Lucas Echeverría, después de cada una de las dos funciones.
28 años después de su estreno en el cine, fue todo un desafío encarar una obra ya considerada de culto y que tuviera actuaciones tan memorables.
El genio de Langsner utilizó la “muerte” de mamá Cora para de alguna manera sintetizar lo que muchos de los personajes en el libro original estaban esperando y algunos deseando.
Lo mismo pasó con este grupo al que por distintos motivos y más de un desatino lograron “matar” durante un par de meses.
Pero como en la obra, mamá Cora aparece justo cuando la están velando y allí se produce el desenlace disparatado, tal vez un poco cruel y esperanzador, ya que si bien la película muestra como los familiares se quedan en la casa, la escena final es la de la octogenaria encabezando la alocada procesión para ir al velatorio de la húngara, cuyo cadáver habían confundido con el de protagonista principal.
Dos meses largos se estuvo “esperando la carroza” en el ETI para que se llevaran puestos a los integrantes del grupo… no ya la Sociedad Argentina de Actores sino alguna idea peregrina de algún funcionario que intentó romper con un estupendo grupo humano unido por lo que Ernesto Sigaud reveló como “el espíritu del ETI”.
Anoche quedó claro que no pudieron con ello. Cada uno de los actores entregó todo arriba del escenario incluido asistentes, iluminadores, musicalizadores, vestuaristas y director.
Y así en el momento en que mamá Cora resucita milagrosamente en la obra para que sus familiares comiencen a valorarla un poco más, la fuerza de este grupo los hizo resurgir de las cenizas en las que mediocremente “alguien” intentó convertirlos … para deslumbrar al público de una manera maravillosa.
Gracias al profesor Lucas Echeverría por haber confiado el papel del “tío Felipe” a quien estas líneas escribe porque de alguna manera también permitió que el espíritu del ETI hiciera renacer de las cenizas un impulso de vocación actoral después de casi 50 años. Pero esa es otra historia.

Daniel Jorge Galst

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