ITUZAINGO EN EL 23º ENCUENTRO DE TEATRO EN TEODELINA

Desembocar en la Plaza de Teodelina para este periodista devenido en aprendiz de teatrero ya fue un grato descubrimiento. No podía ser más hospitalario para un vecino de la estación 12 del ferrocarril Sarmiento encontrarse en el pueblo de Teodelina con la “Plaza Ituzaingó”, a pocos kilómetros de haber dejado la provincia de Buenos Aires, ya en territorio santafesino.

Es necesario ubicar al lector porque lo vivido por quien les habla durante las 3 jornadas que duró el 23º Encuentro de Teatro fue poco menos que glorioso: 10 obras de teatro en una hermosa sala con todo lo que hace falta para albergar a los técnicos, directores, actores y finalmente público que no hicieron otra cosa durante esos días de comienzo de octubre que VIVIR TEATRO.

Después de cada intensa jornada nos reuníamos allí en el Centro de Jubilados contiguo para los “debates” (coordinados por Hugo Alba) en los que se cambiaban opiniones y visiones sobre cada una de las obras allí vistas. Respeto, intercambio horizontal, sin personalismos, y de a ratos humanas semblanzas a cargo de algunos “históricos” del Festival que tiene ya 23 años en sus espaldas. Y cuando uno pensaba que quedaba algún tiempito libre, allí estaba el Taller con el ituzainguense Ernesto Sigaud.

Descansó la organización en los hombros del Grupo Carlos Gaggeri,  Ricardo Brecher y Patricio Martínez, el uno artista, el otro abogado, cuya amistad transita de a ratos la locura del teatro en un pueblo pujante, a ratos bucólico que respira teatro, que construye identidades, que amalgama voluntades.

Señores grandes bajando del tractor para ir a pegarse una ducha y zambullirse en el ensayo de una obra. Señoras con varios hijos, marido, cotidianeidad a cargo que le roban un cachito a cada una de estas demandas para darse un baño de teatro en la sala del barrio.

Algunos dormimos en la Escuela Rural acondicionada para tales fines, otros en algún hotel y a la hora del almuerzo y la cena, sin dilaciones ni excusas, todos nos dejábamos atender, y más que servir, abrazar por los integrantes del Club de los Abuelos: fideos amasados, carnes estupendas, postres deliciosos y una risa en cada ojal de estos hombres y mujeres que se mezclaron entre nosotros -muchos de los cuales no conocían de antes- para brindarnos tantas atenciones.

“Don José y Chuculeta”: tierna y colorida historia con enseñanzas.

“Jardín de Otoño”: descarnada denuncia a los ídolos de barro en la caja boba.

“Bigote argentino”: desopilante y maratónica sucesión de humor, humor y más humor piloteado por 3 jóvenes que están dando que hablar.

“Canción de cuna para un anarquista”: Impecable actuación de Hugo Alba y Valentina Cafera.

“Pugliese y Darienzo”: Conmovedora puesta de los “irreconocibles” Ricardo Brecher y Patricio Martínez.

“El Sapo del Diluvio”: un tema tan remanido como el primer endeudamiento externo de la Argentina y varias vueltas de tuerca con escenografía y vestuario inmejorables.

“Embovedados”: dos actuaciones impecables: Christian Valci y Nicolás Valentini y una puesta en escena que choca, asombra y contiene.

“Afectos Añejos”: Diego Albamonte y el TAFS de Rojas se arriesgan con el tema de nuestros viejos: “estoy cansado de tanta falta de cariño” dirá uno de los personajes.

“La Razón Blindada”: una puesta fuera de lo común, agresiva, dos actuaciones memorables y un desafío: ¿el adentro? ¿el afuera?

“Saratoga Box”: cierra el Encuentro con una obra de Luis Saez y las excelentes actuaciones de Amalia Colombo, Roberto Griffo y Ernesto Sigaud.

Abrimos la nota con la Plaza Ituzaingó de Teodelina y cerramos con esta obra de Etinos Producciones, como corresponde, representando a Ituzaingó, Buenos Aires.

Lawrence Olivier dice: “EN UNA PEQUEÑA O GRAN CIUDAD O PUEBLO, UN GRAN TEATRO ES EL SIGNO VISIBLE DE CULTURA”; en Teodelina, sin ninguna duda, lo encontramos.

 

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