ESPECTACULAR FUNCIÓN DE «ULF»

En medio de una invasión de hedonismo feisbuquiano los argentinos hacemos malabarismos y caminamos sobre una cuerda floja tendida entre el asesinato y la violación del día y la invitación a no dejar pasar la oportunidad para SER FELIZ y disfrutar porque se acaba el mundo.

Pero un sábado de marzo un puñado de vecinos del oeste se animó a formar parte de la experiencia única de ULF concebida por el gran Juan Carlos Gené en 1989, cuando la comunicación era una excusa para el encuentro.

Y descubrir “Casa Azul” como eso, como un lugar de encuentro para la cultura donde los individuos podemos volvemos a ser personas y dedicarnos a hablar de las cosas que realmente nos importan… Mientras alrededor todo respira ARTE, desde los objetos que nos rodean hasta las personas que hacen CASA AZUL… los murmullos se van apagando junto con las luces…

La música de circo aparece suave y te va calando los huesos mientras Roberto y Amalia nos van atrayendo de a poquito pero hasta la médula a su juego, a sus peleas, al recuerdo de una vida mejor pero también a la esperanza.

“Hace un rato estábamos muertos, Paloma. Ahora estamos vivos, porque tenemos un proyecto” dispara suavemente Roberto Griffo casi al oído de su amada esposa Amalia Colombo en un momento de desasosiego.

Y allí –en el proyecto- aparece ¿o serán solo fantasmas que vemos influidos por la música y la ilusión? “El Globo de la Muerte”, “El Hombre Bala”, “El Lanzador de Cuchillos” “Juan Moreira” y también nos enteramos que “para nuestro Gran Espectáculo habrá que contratarlo a Dios para que haga de él mismo y eso nos va a costar mucha plata”…

La música hace ya lo que quiere con nosotros, simples espectadores, ayudada por la escenografía mínima armada por los mismos personajes y el titiritero mayor Jorge Destéfano quien además maneja el sonido y las luces pero no deja de emocionarse con los avatares de este ULF, que sin duda es otro de sus hijos.

Y sí! Claro que dan ganas de pararse y aplaudir a rabiar, con las manos, con los ojos y con el alma a estos dos genios que cuando la miseria los acorrala no dejan de recordar que son también Arcadius y Semiramis y que sus capas brillantes pueden salvarlos de la peor de las muertes.

A pesar de todo al decir de Juan Carlos Gené: “El teatro es el espacio de la dignidad del hombre”… así pues nos marchamos de Casa Azul por las callecitas de Padua sintiéndonos un poco más dignos.

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