CARLOS PEDERIVA. UNA OBEDIENCIA HACIA LO VERDADERO

Reportaje a Carlos Pederiva, a cargo de la artista Silvia Fuentes, publicado en La Voz de Ituzaingó, suplemento cultural, agosto de 1997.

Silvia Fuentes: ¿qué cosas te estimulan para crear?

Carlos Pederiva: Crear para mi no sería la palabra. Es obrar. Y lo que me estimula para obrar es el juego que me entrelaza con los otros seres, a partir de una de mis pinturas.

S.F.: ¿Cómo creés que se crea ese diálogo obra-espectador / espectador obra?

C.P. Nace en la confianza en mi, al tener esta confianza es inevitable expresar algo con claridad y creo que es eso lo que todos están buscando. Y lo reconocen en contacto con la obra que los lleva a confiar en sí mismos. Por eso, se relajan –los que están de acuerdo-.

-S.F. ¿Y los otros?

-C.P. O tiene un camino propio en el que no coincidimos o yo estoy equivocado.

S.F.: Los temas de tus cuadros son extraidos de lo real y cotidiano. ¿Cómo hacés para seleccionar esa fracción de realidad y resaltarla?

C.P.: Exupery dice que “lo esencial es invisible a los ojos”. Yo como pintor pretencioso, quiero encontrarme con lo esencial y hacerlo visible. Cuando lo logro (porque a veces no lo logro) tiene esa vibración no conceptual que me quita del mundo de la palabra, por eso pretencioso.

S.F. Tu obra no tiene tiempo, es atemporal ¿cómo lográs ese misterio?

C.P.: El misterio ya estaba. Cuando lo encuentro yo también me voy del tiempo. No tomo al tiempo en cuenta.

S.F.: Frente a los marcos, en tu obra uno se siente tentado a asomarse para ver qué se esconde tras la pared.

C.P. Eso me lo ha dicho mucha gente. Supongo que es por lo mismo que dije antes. Evitar conceptualismo y dejar un mundo abierto. Desconocer que yo solo veo un fragmento de lo real, que lo real me trasciende. No pretendo atrapar lo real.

S.F.: Entre los temas que elegís hay temas inusuales y que a la vista cotidiana de alguien diferente, pueden parecer hasta rústicos. Vos los resaltás creando emociones.

C.P. Eso demuestra que en pintura sigue siendo válido no solo el color sino espacio y luz y al tomar un elemento de apariencia intrascendente y hacerlo válido, las emociones se mueven. Gracias al espacio y a la luz. Creo que conlleva la apetencia de libertad.

S.F.: ¿Te liberás en la obra?

C.P.:  Necesito pintar, creo que es la expresión más pura que pueda nacer de mi. En todo caso me libera de las intrigas a la que me somete mi sensibilidad y donde puedo encontrar que las contradicciones dejan de ser contradicciones.

S.F.: ¿Cómo te condiciona tu sensibilidad en las relaciones sociales?

C.P.: Como toda persona estoy en la trama de las reglas sociales pero como ser soy obediente a los impulsos interiores que son como una succión que la verdad ejerce sobre mi. Cuando eso sucede no dudo cuál es la elección. Dejarse succionar y rogar a Dios que la verdad o parte de ella se me haga accesible. Paso por alto con dolor la presión de los condicionamientos sociales.

S.F.: ¿Y en tu vida privada?

C.P: Digamos que al día de hoy estoy desligado de la idea de familia, y sin embargo eso puso mucho más en claro mi relación amorosa con cada uno de ellos sin que las obligaciones institucionales perturben esa relación. Soy libre.

S.F.: ¿Qué es ser libre para vos?

C.P. Se supone que la libertad es el encuentro con cierto tipo de placer y lo curioso y aparentemente contradictorio es como decía antes una obediencia a lo verdadero por encima de toda educación previa, no es exactamente un placer, tampoco un disgusto. Es una intensidad que a mi me deja ver las cosas y creo que son así, como las veo.

S.F. ¿Hacés del arte una filosofía de vida?

C.P. No me la planteo como una filosofía de vida. Sin embargo es la base de mi conocimiento, digo que no es una filosofía porque nació inocente y quiero que siga siendo inocente, que ningún pensamiento contamine esa “ignorancia” primaria. No es un querer saber la verdad, sino ser llamado por esa verdad que como tal y de acuerdo a mi medida es inalcanzable.

S.F. ¿Vos elegiste la pintura o sentís que fuiste elegido por ella?

C.P. Quise evitarla y no pude. Fue una escalada larga desde la infancia empezando por la historieta, por la ilustración, la publicidad, la fotografía, la música, la poesía, el cine, y después del cine, el silencio. Por 6 años no hice nada de eso y de a poquito empecé a pintar cuadros para decorar mi casa y después se me empezó a llenar la casa de cuadros. Después quise vivir de ello para poder hacerlo todo el tiempo.

S.F. ¿Cómo es tu diálogo en intimidad con tu atelier?

C.P. Es amoroso, caótico y el orden solo queda en el cuadro. Estoy en una historia que ni yo la veo. No tengo espectadores y estoy obligado a descubrirme.

S.F. Una definición de cuadro.

C.P. Un ambiente, una salida del mundo que rodea al cuadro, una posibilidad para la imaginación, esperanza, nuevas vidas, un descanso del agobio, etc.

S.F. ¿Qué sentís frente a la tela muda?

C.P. ¡Ah!, placer. No dura porque después empiezo a trabajar.

S.F. ¿Qué le dirías a alguien que quiere iniciarse en la pintura?

C.P. Que aprenda el oficio, que busque su material, no cualquiera, que elija su material (pincel, espátula), su soporte (papel, tela, etc.), su médium (acuarela, acrílico, óleo, et.) y una vez que la encontró se entregue a ese oficio hasta que el oficio encamina en el arte.

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